






















La identidad tenía un estilo tipo cómic que transmitía un aire infantil. Para una juguetería habría tenido sentido. Para una cadena especialista en tecnología, no.
La imagen contradecía el posicionamiento real del negocio. Los clientes veían una marca que no coincidía con lo que la tienda vendía ni con la confianza que necesitaba transmitir.
Intenté adaptar el mismo universo a una estética más moderna. Es lo que habría costado menos y conservaba lo que ya existía.
El resultado seguía pareciendo infantil por mucho que ajustáramos tipografía o color.
El problema no era de ejecución, era de concepto. Ningún ajuste de detalle iba a resolverlo.
Dimos paso a una estética completamente nueva, unificando tipografía, color y sistema de espacios.
Unificada en web, locales y comunicación.
Un único sistema de color, coherente en todos los soportes.
Un sistema de espacios para los locales, no solo para las piezas gráficas.
Si el concepto de tu marca sigue siendo válido, adaptar es suficiente y cuesta menos. Si el problema es que la marca cuenta algo distinto de lo que eres, ningún ajuste lo arregla: hay que rediseñar.
Esa distinción es lo que decide la auditoría exprés. Más en rediseño y adaptación.
Cuando por mucho que se ajusten tipografía, color o composición, la marca sigue diciendo algo distinto de lo que eres. Es un problema de concepto, no de ejecución.
Porque es lo que cuesta menos y conserva lo que ya funciona. Si adaptar resuelve el problema, no tiene sentido rediseñar.
Un rediseño parte de 1.000 € y una adaptación de 750 €. El alcance exacto se decide tras la auditoría exprés.