






















Versión principal, secundarias, en negativo y en una tinta. Con su espacio de seguridad, para que nada se le acerque demasiado.
El tamaño por debajo del cual el logo deja de leerse. Una de las pruebas que decide si el sistema funciona.
Los colores con sus valores para pantalla e impresión, y cuándo usar cada uno.
Qué letras se usan, para qué y cómo se combinan en títulos, textos y documentos.
Cómo habla la marca, con ejemplos de frases que sí y frases que no.
Ejemplos reales de aplicación y errores típicos. Es lo que más se consulta.



La mayoría de manuales se hacen para quedar bien en una presentación: cuarenta páginas, mucha filosofía y poca respuesta a las preguntas reales. Cuando alguien necesita saber cómo poner el logo en un fondo oscuro, no lo abre.
El resultado es previsible: cada persona resuelve a su manera y, con el tiempo, la marca se rompe.
Por eso yo lo hago corto, visual y pensado para quien tiene que aplicarlo cada día. Un manual que se consulta mantiene la marca coherente cuando yo ya no estoy.
Antes de escribir una regla, miro qué soportes usa de verdad tu empresa: web, documentos, rotulación, redes.
Cada regla se prueba aplicándola. Si no funciona en un caso real, no entra.
Lo que más se consulta va primero y más claro. Lo anecdótico va al final.
Archivos listos y una guía que tu equipo puede usar sin depender de mí.
El documento que recoge las reglas de uso de tu marca: logotipo, color, tipografía, tono y ejemplos de aplicación. Son las normas de la casa.
Va incluido en los proyectos de identidad. No lo vendo suelto: un manual sin estrategia detrás no se usa.
Entonces el problema suele estar en el manual, no en tu equipo. Se puede adaptar para que sea consultable.
Todos los archivos, ordenados y listos para usar. No dependes de mí.
Piezas reales y bases para crear nuevas sin romper la marca.
Tu equipo o un tercero pueden trabajar la marca desde el primer día.