
























El logotipo anterior era genérico: un recurso de uso común que impedía el registro de la marca. Además, se parecía demasiado a una cadena conocida, así que no se distinguía de la competencia.
Eso significa dos problemas a la vez: uno legal, porque no se podía proteger, y otro de negocio, porque el cliente no podía reconocerlo como algo distinto.
La tipografía es la parte de la marca que más se repite. Hacerla a medida da una voz que no se puede confundir con otra.
Un símbolo propio, reconocible sin leer el nombre, que sustituye al recurso genérico que impedía el registro.
El color para transmitir hostelería cercana y acogedora, y diferenciarse de la cadena con la que se confundía.
Probé el sistema en tamaños pequeños. Las ilustraciones de comida perdían legibilidad por debajo de 3 cm, así que dejaron de ser el elemento principal y pasaron a ser un recurso de apoyo.
Es el tipo de decisión que no se ve en un mockup bonito pero que decide si la marca funciona en un vaso, una bolsa o un icono de redes.